Estuvo muy cerca de convertirse en un campo de tiro a finales de la década de los ochenta del siglo pasado, pero afortunadamente para los amantes de la naturaleza, para las grandes rapaces, cigüeñas negras y otras especies en peligro de extinción que habitan este parque nacional, Cabañeros es hoy uno de los espacios protegidos más valiosos de los Montes de Toledo, y de la península Ibérica, gracias a la presión ciudadana ejercida en aquella época. Este año celebra su 20 aniversario como parque nacional.

Cabañeros, el Serengueti manchego

A caballo entre las provincias de Toledo y Ciudad Real, Cabañeros, nombre que proviene de las antiguas chozas o cabañas en forma de cono y techadas con vegetación del entorno, cobijo de pastores y carboneros, es uno de los pocos rincones que quedan donde se conservan amplias superficies de bosque mediterráneo virgen.

Este es un gran privilegio fruto de su singular aislamiento histórico y del mantenimiento de unas estrictas ordenanzas de uso, decisivas para su conservación hasta mediados del siglo pasado. Y es que la enorme diversidad de especies faunísticas y botánicas junto a una peculiar geología hacen de Cabañeros una joya de gran valor natural, genuino representante del monte mediterráneo.

Con unos prismáticos, puede apreciar el águila imperial ibérica, la cigüeña negra o el buitre negro

Dos tipos de paisaje dibujan el espacio que ocupa el parque: la raña, quizá la imagen más conocida, llanuras donde hace años se taló la vegetación autóctona para cultivar cereal que se asemejan a los paisajes africanos del parque nacional del Serengueti, en Tanzania, y las llamadas sierras, relieves montañosos donde habita el bosque de encinas, quejigos, alcornoques y madroños y una gran variedad de plantas.

En cuanto a la fauna, conviene alzar la vista a menudo, preferiblemente con unos buenos prismáticos (no estamos en un zoo), para vislumbrar algunas de las especies más representativas del parque: grandes rapaces, como el águila imperial ibérica, la cigüeña negra o el buitre negro, y, a ras de tierra, mamíferos como el ciervo, el corzo o el jabalí.

Dada su extensión, unas 45.000 hectáreas, para conocer y disfrutar de este espacio natural la visita se puede realizar de varias formas: a través de las diversas rutas senderistas, de entre cuatro y nueve kilómetros.

Se puede hacer senderismo de forma libre, ya que los itinerarios están bien señalizados, aunque realizar el recorrido acompañado de un guía, previa reserva, permite conocer mejor los valores naturales del lugar.

En las localidades cercanas al parque hay centros de interpretación y museos etnográficos, así como el centro de visitantes de Casa Palillos, en la carretera entre Pueblo Nuevo del Bullaque y Santa Quiteria, donde obtener información. Es recomendable su visita, como primera toma de contacto con este espacio rico y singular.

Guía para el viajero

Cuándo ir. El momento más indicado es el otoño. Aunque la estremecedora berrea de los ciervos cortejando a las hembras que inunda el parque ha pasado ya, ahora es la mejor época para observar, prismático en mano naturalmente, multitud de aves que utilizan el parque para invernar y que comparten el lugar con especies sedentarias.

Ecoturismo.Cabañeros cuenta con la Carta Europea de Turismo Sostenible en Espacios Naturales Protegidos (CETS), una iniciativa de la Federación Europarc que tiene como objetivo promover el desarrollo del turismo en clave de sostenibilidad en Europa. La práctica ecoturística es una forma de favorecer la economía local.

Cómo llegar. Se encuentra al noroeste de la provincia de Ciudad Real y se extiende por el suroeste de Toledo. La carretera que lleva a la entrada del parque es la CM-4017. Desde Toledo, se coge tras la CM-4013 y desde Ciudad Real, el desvío es tras la CM-403

Cabañeros, el Serengueti Manchego