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Fuentes del parque nacional han explicado hoy a Efe que Cabañeros, en gran medida, es consecuencia de las actividades y oficios tradicionales que durante años se practicaron en esta zona de los Montes de Toledo.

De aquella época, han señalado, quedan restos de arquitectura popular relacionada con la vida y el campo en lo que hoy es el parque nacional.

Ese rico patrimonio etnográfico que se puede encontrar es muy variado y va desde casas o corrales a eras, chozos, carboneras, colmenares, cochicheras, cercas o muros.

Muchos de ellos se han ido manteniendo o rehabilitando con diversos usos y recientemente se ha recuperado la Casa de Labradillos, una casa de labor de los años 60 construida con barro y piedra, y techumbre a dos aguas con cubierta vegetal y teja curva árabe.

En ella había estancias de vivienda y para animales, que ahora se han ocupado con una exposición de fotografías antiguas de los Montes de Toledo.

En los exteriores el visitante se encuentra con un chozo de pastores y carboneros.

La casa también contaba con una hornera, que se restaurará en futuras fases de actuación.

Debido a que está aislada, la visita de esta casa y su paraje, está incluida en la ruta en todo-terreno por el bosque mediterráneo que realiza la empresa concesionaria del Parque Nacional (visitacabaneros.es) con salidas diarias desde Horcajo de los Montes y Retuerta del Bullaque.

Tres horas de recorrido que sumergen al visitante en uno de los bosques mejor conservados de la península ibérica.

En las inmediaciones de la casa puede verse también uno de los sistemas naturales más peculiares de Cabañeros, una turbera, una zona de agua somera que también es conocida con el nombre de trampal o bonal.

Se trata de un enclave con humedad permanente o casi permanente donde la acidez del agua y las condiciones anaeróbicas, es decir, con bajo contenido en oxígeno, del sustrato dificultan la mineralización de la materia orgánica, que tiende a acumularse formando depósitos de turba.

Sobre estos humedales se desarrolla un variado mosaico de comunidades vegetales exclusivas, con especies difíciles de encontrar en otras zonas de ambiente mediterráneo, como por ejemplo el brezo de turbera (Erica tetralix) y las plantas carnívoras como la atrapamoscas (Drosera rotundifolia) y la tiraña (Pinguicola lusitanica).

Por ello, aunque los trampales ocupan superficies reducidas en el territorio su interés es notable, pues conforman islas de vegetación de carácter relíctico, donde encuentran refugio numerosas especies vegetales de ámbito atlántico y eurosiberiano.

Sirven, además, han explicado estas fuentes, como abrevaderos para la fauna y como lugar de puesta y desarrollo de larvas de diversas especies de anfibios e invertebrados.

Son sistemas frágiles, así que para verlo se ha colocado una pequeña plataforma de madera, por los que los visitantes pueden pasar para observar este ecosistema de gran interés botánico y ecológico.

Cabañeros incluye en una ruta visita a una antigua casa de labranza y un bonal