Las especies ganadores y perdedoras del cambio climático

Los impactos del calentamiento empiezan a hacerse notar en los ecosistemas españoles, donde los científicos han detectado ya un reemplazamiento progresivo de especies animales y vegetales que permite distinguir a los «ganadores» y «perdedores» del cambio climático.

Así, la encina está ganando terreno en los bosques mediterráneos mientras que el pino negral, el quejigo o la sabina lo han perdido. En cuanto a especies animales relevantes en este tipo de hábitat, el águila perdicera estaría entre las más perjudicadas, por una letal combinación del cambio climático y el abandono rural, que dan lugar a que cada vez haya menos cultivos y áreas asociadas de donde puedan obtener su alimento: conejos y perdices.

Estas son las conclusiones de un equipo de científicos que están monitorizando los efectos del cambio climático en los bosques mediterráneos. Entre ellos está Fernando Valladares, científico en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y presidente de la Asociación Española de Ecología Terrestre.

Él y su equipo utilizan como base dos espacios naturales, Cabañeros (Ciudad Real y Toledo) y el parque natural del Alto Tajo (Guadalajara y Cuenca). Llevan realizando el seguimiento de varias parcelas desde 2004, con resultados que «pueden ser trasladados a cualquier bosque mediterráneo».

En este periodo de tiempo han observado que «la intensidad y la frecuencia» de los eventos extremos en España está aumentado y dando lugar sobre todo a «pérdida de recursos hídricos». Y «los eventos extremos no son solo las olas de calor que ocurren en verano, una ola de calor en febrero u una de frío en mayo puede tener un efecto mucho más destructivo que si suceden en el mes en el que se las espera», sostiene.

Lo que ha detectado este experto en biodiversidad y cambio climático es que «estos eventos extremos hacen sufrir muchísimo a las especies, tanto animales como vegetales, y borran los logros de regeneración» que haya conseguido un bosque durante los periodos sin una meteorología tan brusca.

El seguimiento de la reacción de las especies ante esta mayor intensidad y frecuencia de eventos extremos permite dibujar a los científicos un escenario de ganadores y perdedores en el que «habrá reemplazamientos importantes».

«Vemos muchas laderas hasta ahora ocupadas por el pino negral con más presencia de encinas, o cómo el quejigo no se repone bien después de un evento extremo o al menos no recupera la tasa de crecimiento que tenía anteriormente», detalla.

¿Escenario mejor o peor?

A la pregunta de si esos nuevos escenarios serán mejores o peores, el científico contesta que dependerá de si las especies ganadoras aportan o no los mismos servicios ecosistémicos que tenemos ahora (la capacidad de renovar y depurar el agua, por ejemplo, en el caso de las vegetales).

Lo que si tiene claro es que, ante estos nuevos escenarios, es necesario que las políticas de gestión de bosques se hagan no solo teniendo en cuenta los valores promedios sino la información científica sobre el impacto de estos eventos extremos cada vez más frecuentes.

En esa línea, Valladares subraya que «la gestión local» de los ecosistemas es «la clave» para que estos «no rebasen la frontera que les lleva al colapso» cuando impacta cualquier evento extremo causado por un fenómeno global como el cambio climático.

«Si a nivel local regulas las condiciones de un espacio natural para estar alejado de esa frontera que lleva al colapso, como es el caso de la explotación de los recursos o el estado de las especies, tendrás un enorme margen de actuación para lidiar con un nuevo clima».

«Hablo de actuaciones de gestión local que pueden llevarse a cabo en una legislatura, en el margen de dos o tres años, y que permiten preparar los ecosistemas para tolerar y lidiar con los eventos extremos que acarrea el cambio climático. Con la acción local refuerzas los talones de Aquiles y creas márgenes de seguridad para tus espacios naturales», insiste.

El científico destaca que esta preparación de los ecosistemas para que dispongan de un margen y no colapsen urge «en los espacios más vulnerables, los que están limitados por el agua». Pone como ejemplo las lagunas en Castilla La Mancha y advierte de que si se controla la sobreexplotación de los recursos hídricos poseerán más herramientas frente a una ola de calor o a la escasez de precipitaciones.

De no ser así estos ecosistemas «se acercan al límite, y si se rebasa las especies claves no van a poder continuar». Con el colapso, recuerda, no solo perdemos naturaleza, nos liberamos también de las barreras naturales de protección frente, por ejemplo, a las cada vez más frecuentes lluvias torrenciales.

Las especies ganadoras y perdedoras del cambio climatico